miércoles, agosto 29, 2007

SEDA de Alessandro Baricco


Alessandro Baricco presentaba la edición italiana de "Seda", que tuvo un éxito extraordinario en su país, con estas palabras: Esta no es una novela. Ni siquiera es un cuento.Esta es una historia. Empieza con un hombre que atraviesa el mundo, y acaba con un lago que permanece inmóvil, en una jornada de viento. El hombre se llama Hervé Joncour. El lago, no se sabe. Se podría decir que es una historia de amor. Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla. En ella están entremezclados deseos, y dolores, que se sabe muy bien lo que son, pero que no tienen un nombre exacto que los designe. Y, en todo caso, ese nombre no es amor. Esto es algo muy antiguo. Cuando no se tiene un nombre para decir las cosas, entonces se utilizan historias. Así funciona.Desde hace siglos.



El libro me parece realmente hermoso, Baricco tiene una prosa muy poética y evocadora, es una lectura deliciosa llena de pasajes hermosos para releer. Se lee del tirón. Me parece increíble como una historia tan corta pueda contener o apartar tanto, creo que es una prueba que al final la extensión de un libro es algo secundario para que el autor consiga manifestar lo que quería. Tenía reservas porque no tengo mucha experiencia con este tipo de narrativa, pero no me encontré con una novela romántica común, es una historia de amor atípica, habla más sobre emociones y sentimientos y como afectan a las personas. De los personajes me quedo con el protagonista Hervé Joncour y sus viajes a Japón, su esposa Helene y el curioso comerciante de seda Baldabiou. El final es sorprendente. Es cuestión de tiempo para que vuelva a leer títulos de este escritor. Seda me parece muy recomendable.




***
“Es un dolor extraño. Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.”

“Reclinada junto a él, con la cabeza apoyada en su regazo, había una mujer. Sus ojos no tenían sesgo oriental y su rostro era el rostro de una muchacha.”

“Hervé Joncour permaneció inmóvil, mirando aquel enorme brasero apagado. Tenía tras de sí un camino de ocho mil kilómetros. Y delante de sí la nada. De repente vio algo que creía invisible. El fin del mundo.”

“De vez en cuando, en los días de viento, bajaba a través del parque hasta el lago y permanecía allí durante horas en la orilla, mirando como la superficie del agua se agitaba, formando figuras imprevisibles que brillaban sin orden en todas las direcciones. El viento era uno solo, pero sobre aquel espejo de agua parecían miles los que soplaban. De todas partes, Un espectáculo. Leve e inexplicable.
De vez en cuando, en los días de viento, Hervé Joncour bajaba hasta el lago y se pasaba horas mirándolo, puesto que dibujado en el agua le parecía ver el inexplicable espectáculo, leve, que había sido su vida.”

2 comentarios:

Violeta dijo...

Otro apuntado!!! Me vais a arruinar!!! Menos mal que existen las biblios, que si no.. Cuando me lo lea ya te contaré.
Besazos

Edmundo dijo...

Espero que te guste.

Un abrazo.