domingo, agosto 12, 2007

LADRONES DE ATLÁNTIDA de José Ángel Muriel González


Cuando el joven egipcio Weni Imhotep desembarca en Manu, una isla legendaria en medio del Océano Atlántico, sólo es capaz de imaginar maravillas acerca de la civilización que la habita. No puede adivinar entonces las tribulaciones que tendrá que afrontar durante su accidentada estancia. Las circunstancias harán que finalmente, por gratitud y por amistad, se alíe con un singular grupo de ladrones. Al llegar, le embarga el entusiasmo por conocer la cultura nativa y disfrutar del esplendor y el bienestar que reinan en aquellas tierras, pero no tardará en vislumbrar su decadencia y en percatarse de que, como él mismo dice, "en todas partes crece la hierba de la controversia y medra la podredumbre". Incluso en la ATLÁNTIDA. En su primera novela, José Angel Muriel recupera el género de aventuras sumergiéndose en el mundo misterioso que pudo ser la Atlántida. La obra la sitúa en el contexto histórico de los primeros faraones de Egipto y plantea qué habría ocurrido si hace cinco mil años la hubieran visitado habitualmente expediciones comerciales del país del Nilo. De este modo, sobre una base documentada, surgen descarados retazos de fantasía donde se mezclan la mítica Atlántida de la que nos habló Platón en sus célebres Diálogos, los conflictos que quebraron la armonía que le daba fama y las repercusiones directas de todo esto sobre Egipto y el resto del mundo.


La lectura de este libro tenía el aliciente de algo que hasta ahora nunca había podido experimentar: comentar la novela con el propio autor. Sí, algo que siempre he deseado. El comienzo del libro me resultó algo denso, en el sentido de encontrarme con muchos detalles y que fuera un avance lento que a veces aportara poco la trama. El estilo es muy descriptivo (esto me pareció atractivo en algunos pasajes como la descripción de la isla de los dinosaurios, el cataclismo o la figura de Alma Resplandeciente, mientras que en otras partes no me entusiasmaba). La prosa es rica, se percibe una redacción precisa. A partir del segundo tramo ya la novela se hace mucho más dinámica, nos encontramos con una novela de aventuras propiamente, hasta llegar a un gran desenlace: la recreación del Cataclismo me pareció bastante meritoria. Sobre los personajes podría decir que eché en falta profundizar más en su psicología (es algo con lo que disfruto, llegando hasta el fondo de los personajes), pero esto no me impidió meterme con ellos en sus aventuras y viajes. Si por algo recordaré el libro es precisamente por eso por una historia de aventuras, de ese tipo de novelas de las que tanto disfruté y disfruto (tengo un bonito recuerdo de mis primeras novelas de Verne o Stevenson). Aunque me gustaron muchos personajes creo que me quedaría con el espíritu aventurero de Weni Imhotep. Luego me gustó lo que representa Anaan y sus enseñanzas, me hubiera gustado ver más a este personaje.
Me parece un libro recomendable, si tengo la oportunidad querría leer tu segundo libro.
***
“En todas partes crece la hierba de la controversia y medra la podredumbre”

“Una vez iniciado el holocausto, la extraña aeronave se había marchado tras sembrar la destrucción. Como secuela de la catástrofe, la plataforma submarina del archipiélago empezó a descender paulatinamente, quedando sumergida bajo el agua. Sólo quedaba un penacho de humo señalando el enclave donde se había ubicado la masa de tierra. Ni siquiera se veían pájaros que hubieran conseguido remontar el vuelo antes de verse succionados irremediablemente por el efecto de la conmoción.”

“-La oscuridad se desploma sobre nuestra breve existencia-dijo Kadham una vez pudo estrechar sus brazos, levantando la voz por encima del griterío-, tal como presagiaste.
-Oh, mi buen Kadham, no habrá años venideros. Quienes han provocado este desatino deben pagar estos crímenes.”

“El Torosaurio se lanzó en embestida tras el falso señuelo, vomitando feroces gañidos. Al bajar el hocico, elevaba la cresta que coronaba su cráneo, mostrando las señales visuales formadas por los colores del tegumento cefálico, que servían como clara amenaza frente al contrincante, ya que aparentemente aumentaba su tamaño frontal. Weni empezó a correr, pero tuvo la certeza de que estaba perdido, abocado a ser arrollado por el dinosaurio.
Sobrecogido por el temblor del piso, se echó al suelo para esquivar el primer coletazo del animal. Este rugió y se giró con una habilidad inesperada para s tamaño. Siguió otro movimiento lateral de su apéndice caudal, que utilizaba como un látigo mortal con el que intentaba flagelar al diminuto oponente. Acosado por la bestia, Weni apenas se atenía a premeditar que haría a continuación y se limitaba a moverse por acto reflejo.”

2 comentarios:

José Angel Muriel dijo...

Gracias. Espero que veamos pronto esa segunda novela. ;)

Edmundo dijo...

Hola José Angel,
gracias por pasarte por aquí y escribirme.

Saludos.