jueves, marzo 20, 2008

EL SALUDO DE LAS BRUJAS de Emilia Pardo Bazán


Un apasionado idilio, convertido en un amor imposible por razones de Estado. Un príncipe al que le ofrecen un trono y una aristócrata esposa a la que no quiere y que termina en los brazos de un plebeyo. Intrigas, conspiraciones, ambiciones, un París plagado de hugonotes, bretonas embarazadas de algún noble....


El saludo de las brujas se publicó en 1898 y es la cuarta obra que leo de Emilia Pardo Bazán. Después de haber leído originales y sorprendentes argumentos, la autora ha conseguido impresionarme con esta historia. Dentro de su obra se aleja un poco de lo que estamos acostumbrados, otros escenarios. Quizás este libro sea el más poético, en él hace brillar su estilo característico, el que me encandiló en Los Pazos de Ulloa. Así dibuja de forma mágica el estudio de Viodad o los fastuosos parajes de Ercolani, escenario de la historia de amor de los protagonistas, y por cierto, a pesar de trágica, una de las historias de amor y sacrificio más hermosas que he descubierto en la literatura. Lo que se plantea en este libro no deja de ser una situación de actualidad, aunque la historia aconteciera hace más de un siglo. La renuncia y el sacrificio en manifestar y vivir el amor, por interponerse el deber y la moral, quedar atrapado.
Rosario y Felipe, los protagonistas, son personajes muy completos. La escritora los hizo tan profundos que vivimos en su fuero interno. Rosario impone la razón y el deber para con el pueblo, sabe sacrificarse, mientras que Felipe es más sentimental y vulnerable. Aparte de Rosario, mi personaje favorito de esta historia sería el Bohemio, un personaje decisivo en el curso de la trama, que irradia bondad y humanidad. El desenlace es duro, está en la línea de Pardo Bazán que va a la par de Galdós.
La obra de esta escritora es prolífica, y aún me quedan muchas historias por descubrir en su universo literario, pero me aventuro a decir que esta es su novela más recomendable después de Los Pazos de Ulloa, de lo que llevo leído hasta ahora.


***

“Los sentimientos no los elegimos se nos vienen, se crían como la maleza que nadie planta y que inunda la tierra. Y los sentimientos delátense a veces en puerilidades sin valor aparente, en realidad elocuentísimas, reveladoras de la verdad psicológica, como ciertos síntomas leves denuncian enfermedades mortales.”


“¿Los padres acarician a sus hijos…? No recuerdo que me haya besado el rey de Dacia. Mi madre, sí: he calentado mil veces la cara en su pecho; he conciliado el sueño en su regazo; sus brazos me acogieron amorosamente. Si tengo alguna educación es porque mi madre me buscó profesores; si no estragué en el vicio mis veinte años, es porque mi madre supo preservarme con su cariño. En mis enfermedades ella me asistía; en mis soledades ella me consolaba…No mi familia es mi madre. Hasta las comodidades materiales que me rodean, las debo al trabajo de mi madre.”


“Las circunstancias han hecho de mí un hijo de mi siglo. No sé cómo pensaría si me hubiesen criado y educado desde niño para reinar; es posible que se hubiese formado en mí una segunda naturaleza y que esa naturaleza me impulsase a ocupar mi sitio y entrar en mi papel sin esfuerzo. Pero he vivido ajeno a esperanzas ambiciosas y he abrazado las doctrinas de una filosofía egoísta…o llámenle ustedes como quieran. Libre, he aprendido a conocer el precio de la libertad; apartado de la política, he presentido sus amarguras.”


“Nacaradas conchas se entreabrían entre la arena blanca; peces brillantes cruzaban rápidos como saetas, para volver a repetir sin cesar la misma maniobra y el deslumbramiento de su paso, que era un relámpago de plata; las estrellas de mar y las anémonas se plegaban suavemente o se desplegaban con la magnificencia de una flor extraña y radiante, sin tallo ni hojas.”


“La desdicha del hombre moderno, es ser a la vez egoísta y sensible; lo bastante egoísta para ceder a sus pasiones, lo bastante sensible para sufrir al presenciar el estrago causado por ellas en el ajeno destino. Por ser interior y cuidadosamente oculta, la lucha de Felipe no era menos violenta, ni menor su desasosiego. A decir verdad, no puede llamarse lucha aquel estado especialísimo: existe lucha propiamente dicha, cuando la voluntad fluctúa entre dos soluciones”


“Es imposible que las brujas de Macbeth, al saludarte rey, te hayan arrancado el corazón y te hayan puesto en su lugar un guijarro”

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