domingo, enero 13, 2008

DESCUBRIMIENTOS: LAS UVAS DE LA IRA de John Steinbeck


Distinguida con el Premio Pulitzer en 1940, Las uvas de la ira describe el drama de la emigración de los componentes de la familia Joad, que, obligados por el polvo y la sequía, se ven obligados a abandonar sus tierras, junto con otros miles de personas de Oklahoma y Texas, rumbo a la «tierra prometida» de California. Allí, sin embargo, las expectativas de este ejército de desposeídos no se verán cumplidas. Entre las versiones cinematográficas que ha conocido esta novela destaca la memorable protagonizada por Henry Fonda y dirigida por John Ford.
Me ha encantado, es un libro simplemente maravilloso, pasa a mi lista de favoritos. Es de esos libros que todo el mundo debería leer. De esta historia me quedo con grandes personajes como Madre, perseverante siempre y motor de su familia ante las adversidades, el predicador Casy, con grandes ideales y dispuesto a ayudar a los demás, Tom, con su espíritu independiente... Creo que es uno de los autores que mejor han sabido reflejar su sociedad, este libro es todo un símbolo de la lucha de esas personas, su odisea y de los cambios de la sociedad, me recuerda en ese sentido a La cabaña del tío Tom . Habla de muchos temas, algunos que nos son muy cercanos ahora el racismo, la violencia, las luchas por el poder, y todo desde el máximo realismo, con crudeza. Una de las mejoras novelas del siglo XX en mi opinión.

***
"Y entonces, de improviso, las máquinas los desalojaron y los lanzaron a hormiguear por los caminos. El movimiento los transformó; las carreteras, los campamentos a lo largo de los caminos, el miedo del hambre y el hambre misma los transformaron. Los niños sin pan los transformaron, la eterna mudanza de un sitio a otro los transformó. Eran emigrantes. Y la hostilidad de los otros los transformó, los soldó unos a otros, los unió... esa hostilidad que se manifestaba en los pueblos en que los ciudadanos se agrupaban y armaban como para repeler a un invasor..., escuadrones con mangos de azadas, empleados y pequeños comerciantes con rifles guardando el mundo contra su propia gente."




"-¿No piensas en qué pasará cuando lleguemos? ¿No temes que quizá no sea tan bonito como pensamos?


-No —replicó con rapidez. No lo temo. No debes hacer eso.


-Yo tampoco. Es demasiado, es vivir demasiadas vidas. Delante de nosotros hay mil vidas distintas que podríamos vivir, pero cuando llegue, sólo será una. Si voy adelante en cada una de ellas, es excesivo. "




"Decía que una vez se fue al desierto a encontrar su propia alma y descubrió que no tenía un alma que fuera suya. Que descubrió que sólo tenía un pedacito de una enorme alma. Decía que el desierto no servía de nada porque su pedacito de alma no servía, a menos que estuviera con el resto, a menos que estuviera con el resto, y estuviera entera. Es curioso lo que recuerdo. Ni siquiera me daba cuenta de que estuviera escuchando. Pero ahora sé que un hombre no sirve para nada si está solo"




"Intenté comprar la libertad. Por aquí decimos que un tipo tiene tanta libertad como su dinero pueda comprar."




"La lluvia dejó de caer. En los campos quedó el agua, reflejando el cielo gris y la tierra susurró con el agua en movimiento. Y los hombres salieron de los graneros y los cobertizos. Se acuclillaron y contemplaron la tierra anegada. Callaban. Y a veces hablaban muy quedamente. No hay trabajo hasta la primavera. No hay trabajo. Y si no hay trabajo... no hay dinero ni comida Un hombre que tiene un tiro de caballos, que los usa para arar, cultivar y segar, a él nunca se le ocurriría dejarlos que se murieran de hambre cuando no están trabajando. Esos son caballos... nosotros somos hombres. Las mujeres miraron a los hombres, los miraron para ver si al fin se derrumbarían. Las mujeres permanecieron calladas, de pie, mirando. Y en donde un grupo de hombres se juntaba, el miedo dejaba sus rostros y la furia ocupaba su lugar. Y las mujeres suspiraron de alivio porque sabían que todo iba bien, que esta vez tampoco se irían abajo; y que nunca lo harían en tanto que el miedo pudiera transformarse en ira. Pequeños brotes de hierba salieron de la tierra, y al cabo de pocos días, con el comienzo del año, las colinas se vistieron de color verde pálido."




"El Gobierno que se extiende, la creciente unidad de los trabajadores; atacando los nuevos impuestos, los nuevos proyectos, sin saber que estas cosas son resultados, no causas. Las causas son más profundas y simples..., las causas son el hambre en un estómago multiplicado por un millón de veces; hambre en un alma, ansias de algún goce y alguna garantía multiplicados un millón de veces; músculos y cerebro que se esfuerzan por crecer, trabajar, crear, mulptiplicados un millón de veces.. La última función clara y definida de un hombre -músculos que se tuercen dolorosos en el trabajo, cerebros que se afanan en crear más allá de las necesidades primordiales- es el hombre. Levantar una muralla, construir una casa, una presa, y en la muralla y en la casa y en la presa poner algo de sí mismo; endurecer los músculos con el trabajo, concebir las claras líneas y las formas. Porque el hombre a diferencia de cualquier otra cosa orgánica o inorgánica del Universo, crece más alto que su trabajo, asciende las escalas de sus conceptos, surge de sus conquistas. Esto podéis decir del hombre... Cuando las teorías cambian y caen estrepitosamente, cuando las escuelas y las filosofías, cuando los estrechos senderos del pensamiento, nacional, económico, religioso, crecen y se desintegran, el hombre sigue adelante."




"Las casas quedaron vacías en la tierra, y por eso la tierra quedó también vacía. Sólo las carrocerías de los tractores, de hierro moldeado, plateadas y brillantes, seguían viviendo: y vivían con fuerza de metal, gasolina y aceite; y brillaban los discos de sus arados. Los tractores tenían las luces encendidas, porque para los tracotres no hay diferencia entre la noche y el día, y en la noche los discos hendían la tierra y resplandecían a la luz del día. Y cuando un caballo cesa en su trabajo y se va al cobertizo, quedan una vida y una vitalidad, hay respiración y calor de vida; y hunde sus cascos en la paja y sus mandíbulas estrujan el heno, y las orejas y los ojos están vivos. Hay un calor de vida en el pesebre, y el calor y el aroma de la vida. Pero cuando se detiene el motor de un tractor, queda tan muerto como el mineral que le dio consistencia. Se va de él el calor, como el calor de la vida abandona a un cadáver. Entonces las puertas de metal se cierran y el hombre del tractor se va al pueblo, a su casa, quizá a veinte millas de distancia, y no necesita regresar en muchos meses, porque el tractor está muerto. Y esto es eficiente y fácil. Tan fácil, que no despierta asombro; tan eficiente, que nada asombra en la tierra y en su cultivo, y con este asombro desaparecen esa comprensión honda y la relación del hombre con la tierra. Pus la tierra no es ni fosfatos ni nitratos; y lo largo de la fibra del algodón no es la tierra. El carbón no es un hombre, ni la sal ni el agua ni el calcio. Es todo esto, pero es mucho más, mucho más; y la tierra es mucho más que su análisis. El hombre, que es más que la química, que camina sobre la tierra, que evita con su arado una piedra, que suspira por su cosecha, que se arrodilla en la tierra para comerse su almuerzo; ese hombre, que es más que sus elementos, conoce la tierra, que es más que un análisis. Pero el hombre-máquina, que guía con un tractor por una tierra que no conoce ni ama, comprende sólo la química; y desdeña a la tierra y se desdeña a sí mismo. Cuando se cierran las puertas de hierro moldeado, se va a su casa, y su hogar no es la tierra."




"- Quizá podamos comenzar de nuevo... en la nueva tierra de promisión en California, donde crece la fruta.- Pero no puedes comenzar. Sólo un recién nacido puede comenzar. Tú y yo... ¡pero si somos todo lo que ha sido! La ira de un momento, las mil imágenes... eso somos nosotros. ¡Esta tierra, esta tierra roja, somos nosotros!..., y los años de inundación y los años de polvo y los años secos somos nosotros. No podemos comenzar de nuevo. Al mercader de viejo le vendimos nuestra amargura... claro que él la recibió, pero nosotros también la tenemos aún. Y cuando el amo nos dijo que nos fuésemos, ésos éramos nosotros; y cuando el tractor destrozó nuestra casa, éramos nosotros que aún no habíamos muerto. A California, o a cualquier sitio, cada uno de nosotros es un tambor mayor, que dirige un desfile de dolores, que marcha con nuestra amargura. Y algún día... los ejércitos de amargura irán todos por el mismo camino. Y todos marcharán juntos, y a su vista, el mundo temblará de terror."

No hubiera podido hacer esta recopilación de pasajes de esta obra maestra sin la ayuda de mis amigos lectores empedernidos.

1 comentario:

barb michelen dijo...

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