miércoles, octubre 31, 2007

EL PALACIO DE LA MEDIANOCHE de Carlos Ruiz Zafón


Calcuta, 1932: El corazón de las tinieblas. Un tren en llamas atraviesa la ciudad. Un espectro de fuego siembra el terror en las sombras de la noche. Pero eso no es más que el principio. En la víspera de cumplir 16 años, Ben, Sheere y sus amigos deberán enfrentarse al más terrible y mortífero enigma de la historia de la ciudad de los palacios.


Desde el comienzo te introduces en la trama, lo que viene siendo propio de Zafón, un estilo ágil y apasionante. El máximo interés llega con la historia de los niños y todas las cosas que se plantean a raíz de ello. El final es muy impactante, con muchas escenas para el recuerdo. Toda la recreación de Calcuta y el tren en llamas me pareció muy buena. Sin enbargo, de los tres libros que he leído de Carlos Ruiz Zafón este es el que menos me ha gustado o aportado. Aun así lo considero una lectura recomendable.

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“Los lugares que albergan la tristeza y la miseria son el hogar predilecto de las historis de fantasmas y aparecidos. Calcuta Guarda en su cara oscura cientos de estas historias, historias que nadie reconoce creer y que sin embargo perviven e la memoria de las generaciones como la única crónica del pasado. Se diría que, iluminadas por una extraña sabiduría, las gentes que pueblan sus calles comprenden que la verdadera historia de esta ciudad fue siempre escrita en las páginas invisibles de sus espíritus y sus maldiciones calladas y ocultas.”


“Hay dos cosas en la vida que no puedes elegir. La primera son tus enemigos. La segunda, tu familia. A veces la diferencia entre unos y otra es difícil de apreciar, pero el tiempo te enseña que, al y al cabo, tus cartas siempre podrían haber sido peores. La vida, hijo mío, es como la primera partida de ajedrez. Cuando empiezas a entender cómo se mueven las piezas, ya has perdido.”


“La máquina enloquecida y envuelta en un tornado de llamas se estrelló contra el muro desvelando un fantasma de fuegos fatuos. Todo el tren se hundió a través de la pared de adoquines rojos como una serpiente de vapor, desintegrándose en el aire y llevándose consigo el terrible aullido de la máquina.”

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